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"En la vida no
hay un hilo conductor, pero el escritor lo tiende en una historia para
otorgarle el sentido"
Entrevistado por Carmen Pérez Jiménez
para Escribir y Publicar
Constante
investigador de las formas del relato, amante de Portugal y de Italia;
intelectual preocupado por la salud del mundo y de la literatura, es un perseguidor de sueños. Mezcla ficción y filosofía, cuenta
las historias del lado de los perdedores, de los extraviados, de los que se
buscan a sí mismos a través de los demás; prefiere el escepticismo a hacer sus
personajes sobre la imagen de los que siempre terminan dando falsas
conclusiones. Él mismo, consigue el sueño de todo escritor: construye
personajes inolvidables en los que el lector se reconoce en algún aspecto.
¿Cuál es el vínculo entre el escritor y la literatura?
La escritura de ficción es una buena forma de
conocimiento. Es una forma intuitiva sin la cual no existiría la lógica, no es
un conocimiento científico pero sin este proceso prelógico no se llegaría al
conocimiento. María Zambrano añade que antes de llegar a una fórmula
matemática, los científicos tienen necesidad de que investigadores más jóvenes
trabajen el plano científico porque lo hacen más intuitivamente, con menos
prejuicios. En la vida, no hay hilo conductor. Lo buscamos nosotros. Cuando lo
encontramos le damos un sentido. Para crear ese hilo conductor nos explicamos a
nosotros mismos los hechos, cuando llegamos a casa o por la noche, intentamos
escucharnos: eso es una forma de narrar, de entender. Quizás de otra manera la
vida no tendría sentido. Quizás por ello creo en la narración.
Tristano muere bien podría ser una biografía moral del
pasado siglo...
Es un libro que ha ido conmigo casi doce años. En estos
años han pasado muchas cosas que le han dado la razón a Tristano, el personaje
protagonista. Digamos más modestamente que es como un carné de identidad donde
están las huellas digitales de las cosas que han ocurrido en el siglo pasado
más que una biografía moral, pero no soy un policía de la historia, recojo los
datos, no olvidemos que es una novela.
¿Y un compromiso político?
Hay un compromiso político presente en este libro bajo la
forma de crítica que el personaje le hace al escritor sobre la democracia. Vivo
en Portugal, en Francia, en Europa, y me pregunto acerca de esta Europa que
estamos intentando construir. Quién sabe si nuestros descendientes podrán decir
que son europeos. Puede haber una forma enferma de democracia, no es la primera
vez que ocurre en la historia, ya las tropas francesas de Napoleón, por
ejemplo, masacraron en nombre de la igualdad, la fraternidad y la libertad. Hay
que reflexionar sobre qué es la democracia, sobre si se puede mejorar. Mi
personaje se pregunta si mereció la pena la lucha por los ideales por los que
combatió, pero no da una respuesta, entrega su crítica al escritor que no
olvidemos que es otro personaje.
¿Por qué en Tristano muere ha
elegido el monólogo como voz narrativa?
El que cuenta es un personaje que en su agonía le habla a
un escritor al que ha convocado a su lecho de muerte para explicarle la
historia de su vida. Le cuenta la película de su vida y quiere que él haga el
montaje. La vida transcurre de manera no cronológica, por tanto el escritor es
otro personaje que escucha al protagonista para luego darme a mí, autor, esa
información. Por medio de la utilización de esa forma narrativa se testifica
por medio del testigo. Hay una voz que habla y un escritor que escucha y que no
soy yo sino un personaje. He privilegiado la oralidad, quería reproducir ese
flujo verbal.
¿Se trata de un trabajo de superposiciones que trasciende la primera
persona?
He escogido ese contraste porque creo que cuando el
testigo es una persona que conocemos es una convención. Me viene a la cabeza un
famoso cuadro de Edward Hooper, parece una vitrina: un camarero mira a un
hombre y a una mujer exuberante con cabello rojo. Entre el hombre y ella algo
está pasando, algo importante que el camarero por su expresión no llega a
entender, pero hay otra figura que se nota menos que tiene un sombrero de
fieltro que está de espaldas y más cerca de la pareja, es como el detective.
Ese desconocido es el testimonio. Los fundadores de la cultura no escribieron,
hablaron. Fueron los evangelistas los que escribieron. El monólogo del personaje
de este último libro utiliza la voz, quiere reafirmarse en la voz, tiene un
estatuto superior. Mientras siga hablando no muere, esa es la paradoja, porque
la palabra tiene que estar escrita para estar viva. No olvidemos que con el
mismo metraje se pueden hacer películas distintas. Por eso el protagonista
habla de la historia de su vida, pero no da una respuesta, entrega su crítica
al escritor.
Por eso el libro lleva como subtítulo "Una vida" y no "novela"...
Hace ya muchos años que mantengo una relación difícil con
la novela, no sé si es ella la que me esquiva o si soy yo el que no quiere
encontrarla. En cualquier caso, "una vida" no sigue un orden lógico, sino que
es una serie de acontecimientos. El narrador desea comprender la significación
de los mismos, pero no quiere perder el tiempo hilvanándolos. Le ofrece su vida
al escritor como el material rodado de una película y se desentiende del
trabajo de montaje, que deja en sus manos. He escrito tres versiones del libro,
la última después de haberlo dado por acabado, y sobre esa última versión
escrita aún hay cambios que los filólogos no encontrarán nunca porque son
modificaciones surgidas de decir el texto en voz alta. Me lo sabía de
memoria.
¿Es el personaje el que establece la estructura de sus novelas o el tema
sobre el que quiere narrar?
Para mí siempre nace primero el personaje, la voz del
personaje. No creo en la literatura de un tema particular. Todos estamos un
poco locos, habitados por voces, todos hablamos con nosotros mismos y hablamos
en silencio, estamos acostumbrados a oír nuestra propia voz dentro de nosotros
y muchas veces tenemos una memoria oral. Si abrimos los ojos y abrimos las
orejas, conseguimos recordar las voces de las personas más importantes de
nuestra vida. La memoria no sólo es visual también es auditiva. Dentro de esa
cacofonía que tenemos se encuentra una voz que está dentro de nosotros y así
nace nuestro personaje. En cuanto a esta última novela, en la medida en que
agoniza, en que habla a menudo bajo los efectos de la morfina, Tristano es
alguien que ya no tiene por qué mentir. Tristano sabe que Italia no ha conocido
una catarsis respecto a su pasado, que es un país que ha vivido en la ficción
de que el fascismo era minoritario, cuando la realidad es que todo el país
estaba detrás de Mussolini, exceptuada
una aristocracia obrera e intelectual.
En España,la
República se enfrentó al fascismo y ese enfrentamiento
desembocó en una guerra civil. La
República fue
derrotada, pero nunca se entregó de cuerpo y alma al fascismo. En
Italia, la sociedad es muy hipócrita, vive de espejismos. Hay alemanes que han
vivido con el peso de la vergüenza de lo que hizo su país pero han seguido
escribiendo en alemán. Paul Celan sufrió persecución, vio cómo mataban a su
familia, pero él siguió escribiendo en alemán, se sirvió del idioma como vehículo de cultura. Mi lengua es mi patria y
yo hablo en italiano como Mussolini, pero lo único que comparto con él es el
idioma. Las banderas o los himnos no me interesan, sólo me identifico con el
idioma. Uno puede sentirse a gusto manejando otras lenguas, considerar que son
hospitalarias, pero no por ello te sientes en casa. Tristano, de entrada,
quiere corregir la biografía novelada que el escritor escribiera años antes
sobre él en tanto que héroe. Quiere mostrarse bajo otra luz, dejar un universo
de buenos y malos, demostrar que el mismo héroe puede ser un bellaco. Volviendo
a los escritores, Tristano se ríe un poco de ellos, les considera unos
falsarios y nos ridiculiza cuando hablamos de "obra abierta" para ocultar
nuestra cobardía a la hora de elegir un final, por ejemplo.
La traición está presente en la mayoría de sus obras.
Me interesa mucho, porque el hombre como criatura humana
es una criatura traidora. Somos grandes traidores. Fiel es únicamente el perro,
el amo es traidor. Ya vemos como la
Biblia empieza con la traición de Caín a Abel. No debemos
olvidar tampoco que la traición a lo largo de la historia ha provocado el
avance de las culturas. Por ejemplo, Galileo es un traidor de Ptolomeo. Los que
hacen el asalto al palacio de invierno son los traidores del Zar, y así
sucesivamente. Funciona por las dos partes. Es un problema sin solución.
Pertenece a la historia del hombre y de la humanidad.
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