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SERGI PÀMIES "En general, para tratar los sentimientos en literatura hay que eliminar el énfasis" Por Carmen Pérez Jiménez |
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¿Qué es lo primero que se debe plantear el escritor frente a un tema sobre el que quiera escribir? En una primera versión el escritor debe crear la materia prima, que es con lo que va a tener que trabajar y a partir de esa retórica se convierte en un escultor. De ese primer proyecto el autor debe ser capaz de encontrar la pieza que contiene ese pedazo de granito o ese hierro. Viendo trabajar al artesano te das cuenta que el escritor no tiene esa materia prima y que la debe construir él mismo. Una vez encontrado el tono puedes ver el resultado. A la hora de escribir me inspiro en el artesano. Sus relatos en general tienen poca extensión. ¿A qué se debe esa brevedad? Me agrada desnudar, simplificar todo lo que obstaculiza esa visión más limpia. Si puedes decir más con menos, mejor. Hay que matar el ego y no siempre se consigue. En general hay una tendencia a decir que es muy difícil tachar, pero yo creo que lo difícil es lo otro, escribir. En principio quitar cosas debería ser lo más fácil. Todos mis libros hablan del detalle, de una especie de apología del detalle. Entiendo que a partir de los detalles aparecen mundos más complejos. Del mismo modo que cuando queremos saber cómo estamos, y nos hacen un análisis de sangre, solamente nos sacan una poca sangre y no toda para analizarla. En el relato está el no sacar toda la sangre. En su obra se nota que hay un especial tratamiento del lenguaje ¿De qué manera lo trabaja? Es muy importante la precisión. Se tiende a un tipo de textos en el que se generaliza. Con el lenguaje se habla, por ejemplo, de sensaciones inquietantes pero eso ¿qué quiere decir? Cuando dices de algo, que es inquietante, es que te falta vocabulario, te faltan palabras. La precisión debe servir tanto para hablar de los sentimientos como para hablar de la guerra, para todo. No se debe renunciar a algo tan precioso como es la lengua. Y cuanto más preciso eres, más posibilidades tienes de mantener la idea original. También me gusta que haya cierto discurso moral o cierta idea poética. Desde hace años ejercí de traductor y ello mantiene vivo mi interés por la lengua. Me obliga a regresar a las vísceras de un texto y esto es muy interesante para un escritor. En este último libro de relatos Si te comes un limón… Me he puesto en el lugar del traductor. He establecido esa distancia cruel del traductor. Algunos de sus textos podrían tener la composición de un poema y no sólo por la economía de lenguaje. Algunos de mis relatos son poemas encubiertos. A veces lo que hago en mis narraciones es un poema, pero la forma poética me molesta. El poema me parece que lleva un pedestal entre el poeta y el que lo lee. Me parece que se enfatiza. La virtud que debe tener un poema es que debe haber una primera lectura de acercamiento y de comprensión y siempre un deseo de regreso. Lo lees, lo recuerdas, y cuando lo vuelves a leer es distinto. ¿Por qué hay temas denominados universales sobre los que siempre se escribe? Utilizando el modelo de Chéjov hay una serie de nuevos autores que lo cocinan con una mirada actual para que la forma tenga un conflicto moderno. Hay cuentos que son de una época, aunque el conflicto sea eterno. Y también hay temas que son de ahora y que se deben explicar de otra manera. ¿Qué opina de las recientes publicaciones de autores o críticos encumbrados que escriben sobre el canon literario? Durante muchos años ha existido la dictadura del canon que ha creado algunos complejos de cultura peligrosos. Por ejemplo, había que haber leído a Sthendal. Ahora hay una situación inversa y también peligrosa, que es la banalización del canon. Hemos pasado de lo sagrado a una simplificación que lo que fomenta es que nadie lea nada. Uno tiene que hacer su propia biblioteca. También tienes que intentar entender por qué a mucha gente le interesa algo en concreto, aunque sólo sea por conocimiento de tu oficio y hablo del oficio del lector. Me considero más lector que escritor y en los dos casos no tolero muchas cosas, soy exigente.
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