El dulce riesgo del suicidio 

                                                                                                                          Por Ernesto Forli

 

La idea de suicidio -que atrae peligrosamente- campea en la vida de muchos escritores que no pueden soportar la vida fuera de la literatura. ¿Será la misma literatura la que no perdona los posibles fracasos y alienta la idea del suicidio?

 

Entre otros, Stefan Zweig, Hemingway, Virginia Wolf, Guy de Maupassant, Jack London, Ambrose Bierce, Paul Celan, Alejandra Pizarnick, Larra, Horacio Quiroga, Cesare Pavese, Sylvia Plath, Malcom Lowry, Dylan Thomas y Gabriel Ferrater, se suicidaron. Unos lo hicieron por desesperación y dolor; otros por convicciones indescifrables; algunos lo intentaron varias veces a lo largo de sus vidas; otros sólo una vez, la definitiva.

 

 

Bioy Casares  dijo al respecto: "En algún tiempo me gustó la idea. Era una elegante forma de terminar con la vida. Además, tuve tres tíos que lo hicieron".

 

Y Antonio Di Benedetto: "El suicidio es un gesto, puede ir a continuación del conocimiento. El suicidio creo existió como cosa frecuente en todas las épocas. Tal vez los guerreros al introducirse en las cruzadas eran suicidas, suicidas que buscaban la muerte por un medio indirecto ya que por religión no podían ejecutarla por la propia mano. Lo notable es que resulta raro que el suicidio se produzca por hambre. El hambriento más bien se mutila para pedir limosna. Lo que origina el suicidio son las grandes vergüenzas, el sentido de la pérdida de la dignidad, el idealismo".

 

Dice Ricardo Piglia: "Esa fantasía extraña de los escritores de dejar de ser escritores o de conseguir una experiencia que sea más intensa que lo que se supone que es la experiencia de la literatura. Entonces la fantasía de la muerte de la literatura es como el acceso a lo real mismo".

 

Horacio Quiroga se suicidó con cianuro, su vida  estuvo rodeada de muertes de familiares,  su mujer bebió veneno y tuvo una agonía de tres días, él quemó su ropa, destruyó objetos y sus fotos. Se mató también su amiga, la poetisa Alfonsina Storni; su amigo, el poeta Leopoldo Lugones, y sus tres hijos.


Con morfina, Jack London; con veronal,
Ryunosuke Akatugawa; con una la bala dadaísta, Jaques Rigaut; con somníferos, Malcolm Lowry. Ingeborg Bachmann se quemó viva prendiéndole fuego a su cama.Sylvia Plath decía que no quería dedicarse solamente al cuidado de sus hijos, sino escribir y ser famosa, hasta que no pudo sostener el peso de ser abandonada, metió la cabeza en el horno y se mató.

 

 

Cesare Pavese termina su diario El oficio de vivir con esta frase: "No palabras. Un gesto. No escribiré más" y se mató con  una dosis de somníferos.


Guy de Maupassant: "¡El suicidio! Pero ¡si es la fuerza de quienes ya no tienen nada, la esperanza de quienes ya no creen, el sublime valor de los vencidos! Sí, hay una puerta por lo menos en esta vida, siempre podemos abrirla y pasar al otro lado."

 

Gabriel Ferrater anunció a los treinta años que no cumpliría jamás los cincuenta y uno, y entonces se ató una bolsa de plástico a la cabeza.  Con una espada se suicidó Emilio Salgari.

 

Reinaldo Arenas lo hizo al descubrir en el capitalismo los mismos inconvenientes que en el comunismo; Marina Tsvietáieva, cuando a su alrededor había miseria y abandono. Stefan Zweig pretendió escapar de la memoria a través del suicidio, igual que Paul Celan. Virginia Woolf, de la locura, no pudo soportar esas voces que, según ella, no le permitían escribir bien. Se llenó los bolsillos de piedras y murió ahogada. Asimismo, Alejandra Pizarnik encontró en las pastillas el final de su historia. Anne Sexton también se suicidó.

 

El fracaso literario lo determinó en Maiakovski, Alfonso Costafreda y Sándor Márai. El alcohol, en Malcolm Lowry y Dylan Thomas.

 

Yukio Mishima, uno de los mejores autores japoneses se suicidó a los cuarenta años ante las cámaras de televisión por el rito japonés llamado harakiri, provocándose una herida en el vientre con un cuchillo especial y aguardando estoicamente la muerte.

 

Hemingway, en 1960 sufría de trastornos nerviosos, posiblemente por la afección que padecía en la córnea con fuertes probabilidades de quedar ciego, lo cual sería una limitante para su trabajo de escritor. Mientras su esposa dormía, Hemingway se levantó, en el amanecer del 2 de julio de 1961 y disparó su escopeta de dos cañones en su boca. Oficialmente el suicidio de Ernest Hemingway se presentó como un desgraciado accidente.

 

Romain Gary,  escritor de lengua francesa consiguió lo que ninguno: ganó dos veces el premio Goncourt. Una vez con su nombre y otra con un seudónimo. El 2 de diciembre de 1980 se pegó un tiro en la cabeza en su apartamento de París.

 

Bohumil Hrabal,  es el autor de Trenes rigurosamente vigilados, del cual se hizo una película dirigida por Jiri Menzel. Al poco tiempo comenzó a sufrir la censura. Este hecho le provocó una gran depresión y como consecuencia de ese estado terminó arrojándose por la ventana del hospital en donde estaba internado.

 

Yasunari Kawabata, fue el primer escritor japonés que ganó el Nóbel, en 1968. Fue maestro de Mishima con el que estuvo carteándose durante 25 años. En la universidad de Tokio estudió literatura inglesa. Leyó a los clásicos y literatura contemporánea. Se dice que la última obra de García Márquez, la de las Memorias de mis putas tristes, está basada en "la Casa de las bellas durmientes". Una obra en la que se cuenta cómo unos ancianos visitan una casa donde yacen jovencitas sedadas encontrando consuelo en el hecho de dormir a su lado sin tocarlas. Fue un hombre solitario. Se quedó huérfano muy pequeño y padeció un insomnio crónico hasta el final de sus días. Kawabata no simpatizaba con el suicidio "por más alejado que uno pueda estar del mundo, el suicidio no es una forma de iluminación". Se suicidó inhalando gas en abril de 1972. Tenía un año más que el siglo.

 

Primo Levi, uno de los supervivientes del infierno de Auschwitz, cuya terrible experiencia narra en Si esto es un hombre, se lanzó al vacío desde la escalera de la casa familiar un 11 de abril de 1987, en Turín.  Tal vez su tormentosa vida personal, depresiva y suicida desde siempre, incapaz de expresar sus emociones, le llevaron a tomar la última determinación. Su esposa, Lucía, daba escasas explicaciones ante el hecho consumado y esperado: tal vez, el miedo a la enfermedad, a envejecer, a la responsabilidad del cuidado de una madre inválida.

 

 

Muchos escritores alemanes se suicidaron debido a las persecuciones nazis: Walter Benjamin, Egon Friedell, Ludwig Fulda, Ernst Toller, Kurt Tucholsky, Ernst Weiss, Alfred Wolfenstein, Walter Hasenclever y Stefan Zweig, entre otros.

 

La lista es interminable. Por diferentes motivos decidieron poner fin a sus vidas, tal vez, como último gesto "romántico", como la última página escrita de otra manera.