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La idea de suicidio
-que atrae peligrosamente- campea en la vida de muchos escritores que no
pueden soportar la vida fuera de la literatura. ¿Será la misma literatura
la que no perdona los posibles fracasos y alienta la idea del suicidio?
Entre otros, Stefan Zweig, Hemingway, Virginia Wolf, Guy de
Maupassant, Jack London, Ambrose Bierce, Paul Celan, Alejandra Pizarnick,
Larra, Horacio Quiroga, Cesare Pavese, Sylvia Plath, Malcom Lowry, Dylan Thomas
y Gabriel Ferrater, se suicidaron.
Unos lo hicieron por desesperación y dolor; otros por convicciones
indescifrables; algunos lo intentaron varias veces a lo largo de sus vidas;
otros sólo una vez, la definitiva.
Bioy
Casares dijo al
respecto: "En algún tiempo me gustó la idea. Era una elegante forma de terminar
con la vida. Además, tuve tres tíos que lo hicieron".
Y
Antonio Di Benedetto: "El suicidio es
un gesto, puede ir a continuación del conocimiento. El suicidio creo existió
como cosa frecuente en todas las épocas. Tal vez los guerreros al introducirse
en las cruzadas eran suicidas, suicidas que buscaban la muerte por un medio
indirecto ya que por religión no podían ejecutarla por la propia mano. Lo notable
es que resulta raro que el suicidio se produzca por hambre. El hambriento más
bien se mutila para pedir limosna. Lo que origina el suicidio son las grandes
vergüenzas, el sentido de la pérdida de la dignidad, el idealismo".
Dice Ricardo Piglia: "Esa fantasía extraña de los escritores de dejar
de ser escritores o de conseguir una experiencia que sea más intensa que lo que
se supone que es la experiencia de la literatura. Entonces la fantasía de la
muerte de la literatura es como el acceso a lo real mismo".
Horacio
Quiroga se suicidó con cianuro, su vida
estuvo rodeada de muertes de familiares,
su mujer bebió veneno y tuvo una agonía de tres días, él quemó su ropa,
destruyó objetos y sus fotos. Se mató también su amiga, la poetisa Alfonsina
Storni; su amigo, el poeta Leopoldo Lugones, y sus tres hijos.
Con morfina, Jack London; con veronal, Ryunosuke
Akatugawa; con una la bala
dadaísta, Jaques Rigaut; con somníferos, Malcolm Lowry. Ingeborg Bachmann se quemó
viva prendiéndole fuego a su cama.Sylvia Plath decía que no quería dedicarse solamente
al cuidado de sus hijos, sino escribir y ser famosa, hasta que no pudo sostener el peso de ser abandonada, metió la cabeza en el horno y se
mató.
Cesare Pavese termina su diario El oficio de vivir
con esta frase: "No palabras. Un gesto. No escribiré más" y se mató
con una dosis de somníferos.
Guy de
Maupassant: "¡El suicidio! Pero ¡si es la fuerza de quienes
ya no tienen nada, la esperanza de quienes ya no creen, el sublime valor de los
vencidos! Sí, hay una puerta por lo menos en esta vida, siempre podemos abrirla
y pasar al otro lado."
Gabriel Ferrater anunció a los treinta años que no cumpliría jamás los
cincuenta y uno, y entonces se ató una bolsa de plástico a la cabeza. Con una espada se suicidó Emilio Salgari.
Reinaldo Arenas lo hizo al descubrir en el
capitalismo los mismos inconvenientes que en el comunismo; Marina Tsvietáieva, cuando a su alrededor había miseria y abandono. Stefan Zweig pretendió
escapar de la memoria a través del suicidio, igual que Paul Celan. Virginia Woolf, de la
locura, no pudo soportar
esas voces que, según ella, no le permitían escribir bien. Se llenó los
bolsillos de piedras y murió ahogada. Asimismo, Alejandra
Pizarnik encontró en las pastillas el final de su historia. Anne Sexton también se
suicidó.
El
fracaso literario lo determinó en Maiakovski, Alfonso Costafreda y Sándor Márai. El alcohol, en Malcolm Lowry y Dylan Thomas.
Yukio Mishima,
uno de los mejores autores japoneses se suicidó a los cuarenta años ante las
cámaras de televisión por el rito japonés llamado harakiri, provocándose una
herida en el vientre con un cuchillo especial y aguardando estoicamente la
muerte.
Hemingway, en 1960 sufría
de trastornos nerviosos, posiblemente por
la afección que padecía en la córnea con fuertes probabilidades de quedar
ciego, lo cual sería una limitante para su trabajo de escritor. Mientras su
esposa dormía, Hemingway se levantó, en el amanecer del 2 de julio de 1961 y
disparó su escopeta de dos cañones en su boca. Oficialmente el suicidio de
Ernest Hemingway se presentó como un desgraciado accidente.
Romain Gary, escritor de lengua francesa consiguió lo que ninguno:
ganó dos veces el premio Goncourt. Una vez con su nombre y otra con un
seudónimo. El 2 de diciembre de 1980 se pegó un tiro en la cabeza
en su apartamento de París.
Bohumil Hrabal,
es el
autor de
Trenes rigurosamente vigilados, del
cual se hizo una película dirigida por Jiri Menzel. Al poco tiempo comenzó a
sufrir la censura. Este hecho le provocó una gran depresión y como consecuencia
de ese estado terminó arrojándose por la ventana del hospital en donde estaba
internado.
Yasunari Kawabata, fue el primer escritor japonés
que ganó el Nóbel, en 1968. Fue maestro de Mishima con el que estuvo
carteándose durante 25 años. En la universidad de Tokio estudió literatura
inglesa. Leyó a los clásicos y literatura contemporánea. Se dice que la última
obra de García Márquez, la de las Memorias de mis putas tristes, está basada en
"la Casa de las
bellas durmientes". Una obra en la que se cuenta cómo unos ancianos visitan una
casa donde yacen jovencitas sedadas encontrando consuelo en el hecho de dormir
a su lado sin tocarlas. Fue un hombre solitario. Se quedó huérfano muy pequeño
y padeció un insomnio crónico hasta el final de sus días. Kawabata no
simpatizaba con el suicidio "por más alejado que uno pueda estar del mundo, el suicidio no es una forma de iluminación". Se
suicidó inhalando gas en abril de 1972. Tenía un año más que el siglo.
Primo Levi, uno de los supervivientes del infierno de Auschwitz,
cuya terrible experiencia narra en Si
esto es un hombre, se lanzó al vacío desde la escalera de la casa familiar
un 11 de abril de 1987, en Turín. Tal
vez su tormentosa vida personal, depresiva y suicida desde siempre, incapaz de
expresar sus emociones, le llevaron a tomar la última determinación. Su esposa,
Lucía, daba escasas explicaciones ante el hecho consumado y esperado: tal vez,
el miedo a la enfermedad, a envejecer, a la responsabilidad del cuidado de una
madre inválida.
Muchos
escritores alemanes se suicidaron debido a las persecuciones nazis: Walter
Benjamin, Egon Friedell, Ludwig Fulda, Ernst Toller, Kurt Tucholsky, Ernst
Weiss, Alfred Wolfenstein, Walter Hasenclever y Stefan Zweig, entre otros.
La
lista es interminable. Por diferentes motivos decidieron poner fin a sus vidas,
tal vez, como último gesto "romántico", como la última página escrita de otra
manera.
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