|
Cuando la Editorial Acantiladoinauguró su colección de narrativa, el primer autor publicado fue Peter Stamm (Winterthur, 1963). La calidad y las voces personales son criterios que abanderan dicha colección, y Stamm es una de esas voces. Con tres novelas y dos libros de relatos breves, traducidos a más de veinte lenguas, fue calificado por el crítico Marcel Reich-Ranicki (temido por muchos escritores) como "un autor muy importante y de gran talento", tras leer su primer libro de relatos Lluvia de hielo.
¿Cuál fue el proceso que le llevó a la escritura de la novela Tal día como hoy? Antes de escribir este libro necesité unos dos años para escribir un primer borrador, y lo tiré, luego comencé un segundo, y también lo tiré. Esta novela es el tercer intento. Esto también forma parte del trabajo: el fracaso es parte de la literatura. Hay que alcanzar una buena calidad parar publicar.
La presencia de la muerte la recorre transversalmente. Sí, pero yo no pienso permanentemente en la muerte, forma parte de la vida y no es algo que tiene que deprimir sino que da más valor a la vida. La presencia de la muerte debe suponer que debemos vivir plenamente, que tenemos que vivir una sola vez. No me considero una persona depresiva. En el último año presenté el libro en Irán, y dije que me parecía horrible la idea que tienen del Paraíso (todo tan bonito, con buena comida.) y al público no le sentó muy bien, pero lo que me parece deprimente es esa idea de vivir para siempre.
¿Cuánto hay de experiencia personal? Esta novela no es una biografía, pero me doy cuenta de que los personajes de mis novelas envejecen como yo. Hace diez años, escribía sobre personas con treinta años, ahora tienen ya cuarenta. Escribo sobre mi entorno, sobre las personas que conozco, yo tengo una vida diferente a esos personajes; es cierto que muchos aspectos personales se ven reflejados y tardo años en darme cuenta que eso es así, incluso en los personajes secundarios surgen rasgos propios. También se trata de experimentar, jugar mentalmente y preguntarme qué hubiese ocurrido si hubiese sucedido una u otra cosa, por ejemplo, qué hubiese sucedido si yo me hubiese quedado a vivir en París, que es el lugar donde se desarrolla esta novela y donde estuve viviendo un cierto tiempo. Esa cuestión se trata mucho en mis novelas, puedo jugar, experimentar de forma lúdica con esas posibilidades.
¿Y de vacío y extrañeza? Es cierto, esa sensación de vacío y extrañeza es un punto central en mi novela. Son preguntas que mucha gente de mi generación, muchos suizos y europeos se hacen; en comparación con las generaciones anteriores nosotros ya no tenemos raíces tan profundas en la cultura o en la religión y por eso surge automáticamente la pregunta ¿cómo queremos vivir? Ya no tenemos la certeza de la existencia de Dios. Pero es una situación muy interesante y no me deprime en absoluto la ausencia de una figura paterna, como anteriormente se daba.
¿Cómo trabaja la novela? ¿Le da un valor importante a la reescritura? Siempre escribo una primera versión de forma casi inconsciente, como si fuese escritura automática. Luego tomo esa versión como materia prima, y voy trabajándola, leyendo y quitando. Me di cuenta de que si comienzo a escribir de forma consciente, no suele funcionar. Es necesaria esa sustancia espontánea, y luego reescribo, y aunque no hago muchos cambios, los hago, y aunque parezcan pequeños, son muy significativos. Me doy cuenta de que si un texto me sale bien y lo escribo de forma fluida, funciona, esos suelen ser mis mejores textos, mientras que si tengo que trabajarlo mucho es muy probable que sea un fracaso. Me asombro cuando algún escritor dice que ha trabajado diez años en su obra. Eso no dice nada sobre la calidad. Mis mejores novelas las escribí en un año. Y los trabajos que tiro a la basura también me sirven para el futuro. La escritura que fracasa son textos que no tienen vida, es como comparar la complejidad de una rosa de verdad con una de plástico, te da esa misma sensación. Esa complejidad no se puede explicar hasta el último detalle, es milagrosa.
¿De qué autores contemporáneos se siente cercano? Leo a autores contemporáneos, pero no me parece que me influyan de una manera muy profunda en mi escritura. Thomas Bernhard sí que es un autor con el que uno queda impactado. Estoy estudiando la manera en que trabaja el texto, pero los que más me han influido son aquéllos que leí cuando tenía veinte años, como Albert Camus, los escritores que vivían en el París de los años 20, Hemingway, Flaubert, un gran técnico narrativo como Edgar Allan Poe, Cesare Pavese.
¿Cuál es el proceso de construcción de sus personajes? ¿Cómo consigue darles vida? Para mí se trata justamente de no construir a los personajes. Los manuscritos que naufragan son aquéllos que participan de una idea exacta y los personajes se construyen a partir de la misma. Yo comienzo teniendo un nombre, un mínimo detalle y luego escribo de forma intuitiva, no sé todo sobre los personajes ni lo quiero saber, hay que dejarlos crecer como si fueran seres vivos de verdad, y hacerlo de una forma inconsciente. Los libros que no funcionan son los que están construidos alrededor de ciertas ideas, uno se da cuenta de ello, adivina la intención del autor. Escribir un libro es justa-mente el intento de conocer más sobre mis personajes, eso es lo que me interesa, por eso escribo. Cuando me doy cuenta de que sé suficiente sobre esos personajes se acaba el libro. Y en mis novelas no se comparten las concepciones comunes sobre un hombre y una mujer, los personajes femeninos son muy autónomos e intentan encontrar su camino y lo que escribo sobre hombres y mujeres es una versión realista de lo que son las cosas. Por ejemplo, en el libro hay una secuencia donde una mujer le dice a Andreas, el protagonista: "tú te aprovechaste de mí", y el hombre le responde que también podría considerarse que ella se aprovechó de él. La mujer también se puede buscar un amante para usarlo y tirarlo. Muchas mujeres no estarán de acuerdo; pero para mí eso forma parte de la liberación: deben cuestionar las imágenes que tienen de sí mismas y no sólo cuestionar las imágenes de los varones. Y es cierto que es un terreno peligroso.
¿No se le ha rebelado nunca un personaje? El hecho de que una figura se rebele sí que me ha ocurrido algunas veces, pero justamente cuando inten-taba construir un libro sobre una idea preconcebida, y de golpe los personajes se rebelaban e iban por otro lado. Es fundamental que yo no domine al cien por cien a mis personajes, deben tener vida propia, si como autor pretendiera dominar totalmente la acción literaria me desligaría de ese noventa por ciento de inconsciencia que tiene nuestro cerebro, quiero que mi inconsciente colabore en esa elaboración. Es un poco como cabalgar, estás encima de un ser vivo, con una voluntad propia, aunque intentas dirigirlo no puedes hacerlo totalmente. En la escritura hay que encontrar un equilibrio entre dirigir y dejarse llevar por ese gran animal que es el subconsciente. |