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"Más que grandes temas hay grandes formas de narrar"
Estar frente a él es ingresar en el territorio de la
ficción: te implica, tomas el rol activo del lector que vive una experiencia
nueva, similar en todo caso a la que proponen sus textos (porque sus libros
crean sus propios lectores). Personifica la felicidad de la invención. E
inagotables resultan sus relatos. Descifrar el acto de narrar es parte de la
trama. Despliega con maestría la ambigüedad como procedimiento productivo, que
da lugar a una gran amplitud de perspectivas, a una mayor significación: datos,
alusiones, menciones, convicciones, reflexiones, parodia, todo cabe en su
ejercicio de la novela y el relato breve.
¿Podría
hablarnos de la frontera entre realidad y ficción?
La indecisión entre realidad y
ficción es muy productiva. Son campos que no hay que separar, sino
relacionarlos pero sin establecer un criterio fijo. No confío en el traslado de
esa problemática a lugares menos inciertos que la literatura. Por ejemplo, hay
cierto debate en la historia que tiende a trasladar cuestiones que están
en la literatura al debate de los historiadores sobre escritura de ficción y
criterios de realidad. Es la literatura la que trabaja ese universo.
¿Cómo trabaja el
elemento autobiográfico? ¿Cómo lo transforma?
En este libro que ha salido ahora
en Lengua de Trapo que incluye la novela corta Encuentro en Saint Nazaire, el juego de lo autobiográfico está presente como elemento de
construcción. Parto de la autobiografía, de los rastros de la experiencia,
digamos, y de la verdad de lo que he vivido confrontando las distintas
versiones que tengo de mi propia experiencia. Hay cosas que uno recuerda con mucha
nitidez, momentos vividos que no necesariamente son tal cual como uno los
recuerda. En el caso de mis textos, la autobiografía ha sido un punto de
partida a partir del cual he tratado de construir alternativas, otras vidas
posibles.
¿A qué punto de partida
se refiere?
El punto de partida de la
historia está en la anécdota. Parto de un hecho que he vivido, que está luego
presente o no en el texto terminado. Por ejemplo, en Prisión Perpetua se trata de la experiencia de una mudanza de mi familia que para
mí fue un momento importante y lo desarrollo narrativamente en una
dirección que no necesariamente fue la de la experiencia real. Se trata de
elegir qué tipo de vida podría haber vivido en caso de que tal cosa
hubiera sucedido de otra manera. En otros relatos, hay un punto de partida
real y después hay un desarrollo narrativo que tiene su propia lógica.
Una vez que ha
transcendido la anécdota inicial, ¿tiene su texto alguna pretensión?
El fin nunca se sabe bien. En
realidad, uno construye relatos sin tener un objetivo demasiado preciso. Un
objetivo en relación con el sentido del relato, y a veces ni
siquiera una estructura definida o una línea de la continuación. Se
avanza a ciegas y a veces la luz está detrás. Sabemos que por lo menos hay dos
especies de escritores: los que organizan un plan, trabajan un esquema previo,
y los que tienden a escribir desde un punto de partida narrativo inicial (entre
los que me encuentro) y dejan que el relato se vaya resolviendo mientras se
escribe.
Entonces
¿cuándo y cómo elige el tono narrativo?
Eso sí que es importante para mí.
El punto de partida narrativo es importante y el tono elegido es un elemento
básico. A veces me lleva más tiempo encontrar ese tono, esa música, que definir
la historia en sí. No necesariamente van juntos. A veces, tengo la historia y
no encuentro el modo de contarla. Lo que yo llamo tono o voz es lo más
importante. Para mí es clave la relación que uno puede establecer con el
lenguaje mientras está escribiendo. Quiero decir, si el relato tiene mayor o
menor ironía, si el tono de la prosa tiende o no a la distancia, si el narrador
conoce toda la historia o se entera de los hechos mientras la narra. Son ese
tipo de matices lo que yo llamo el tono, formas de definir la voz del que
cuenta la historia, aunque por supuesto el que cuenta bien puede no
estar en la historia. No solamente es una elección lexical. Tiene que ver con
ella porque uno puede elegir el relato en un plano más literario o con un
lenguaje distinto, pero está más ligada a la sintaxis, a la respiración de la
historia, cuando encuentro ese ritmo es cuando me parece que el
relato está caminando bien. Narrar es como nadar, decía bien Pavese.
¿Sigue
pensando que sólo a partir de los cuarenta años es cuando se puede escribir una
buena novela?
Es un chiste de Renzi, el
personaje que narra la historia inventa una hipótesis sobre la madurez y la
novela, sobre la experiencia vivida y la forma de encontrar lo que él llama la
mirada histórica. Ver la propia vida como si fuera la de otro. De todos modos,
creo que se puede escribir a cualquier edad una novela, basta tener un poco de
suerte y aprovechar la oportunidad. Por ejemplo, Fiztgerald escribió El Gran Gatsby a los 28 y Faulkner escribió El sonido y la furia a los 30 o 31, pero posiblemente es mejor esperar hasta los
cuarenta años y dedicarse a leer. La vejez del novelista y la juventud del
poeta. Mann escribió el Doctor Faustus a los ochenta y Lampedusa tenía
más de cincuenta cuando empezó a escribir El gatopardo. Se podría
entonces hacer una teoría sobre la novela y la edad, ¿no es cierto?, sería
divertido, y en realidad yo creo que en cierto momento uno empieza a entender
mejor la relación que hay entre narrar y vivir, aunque por supuesto eso no
garantiza que la novela sea buena. Hay que aprender a establecer cierta
distancia.
¿Es cierto que en la
novela hay cuatro temas universales sobre los que finalmente siempre se
trabaja? ¿Cuáles serían esos cuatro temas?
Los temas sobran, la literatura
no es cuestión de temas, por ejemplo uno puede enumerar cuatro conceptos
abstractos y generales que casi agotan la experiencia, y decir que el
amor, la violencia, la muerte, la soledad, digamos, son los grandes temas de la
literatura pero eso no quiere decir nada, la literatura es una cuestión de forma
(pero no sólo un cuestión de forma). En este sentido podríamos decir
que más que grandes temas, hay grandes formas de narrar, modos de
narrar que siempre se estructuran de nuevo. El relato como viaje, el
relato como investigación. En el origen, uno puede pensar que estuvo el relato
de un viaje. Sería el primer narrador de la tribu que viajó y contó
lo que vio. El otro sería quizá el relato de una investigación que parte de un
enigma; el brujo de la tribu que leía ciertos signos enigmáticos y construía un
relato sobre el futuro.
¿Aprovecha la matriz
del género policíaco para escribir otro tipo de historias?
La idea de que hay un enigma y el
relato debe pasar del no saber al saber, con cierto recorrido que impone
testigos e información, es una forma narrativa de la que me siento cerca
y, en principio, casi todos los libros que he escrito están ligados a esa
forma. Básicamente, la idea de que el relato va hacia un descubrimiento, para
mí es primordial. El género policial hace de eso un contenido básico de su tradición
y ha desviado la forma hacia una estructura ligada a la ley de la verdad, el
crimen, etcétera, pero no necesariamente tiene que ser ése el tema. De modo
que, en función de esa forma, se pueden establecer otras alternativas. Por
ejemplo, me interesa mucho la figura del detective y del narrador del policial.
Me interesa sobre todo la figura de aquél que narra una historia que no es la
de él. Me gusta esa figura. Por ejemplo, el narrador de El Gran Gatsby para volver a Fiztgerald que narra una historia que es la de otro, la
historia de Gatsby. Mantiene una visión de algo que
a menudo el que narra no termina de comprenderla. Esa figura narrativa es
muy productiva.
¿Por qué el núcleo es el enigma?
Porque el enigma puede ser un
sujeto a quien el narrador trata de
comprender porque tiene una historia secreta. Este héroe tarda en aparecer, se
habla de él, y, cuando por fin se acerca el narrador, surgen historias que lo
rodean, como por ejemplo en El Gran Gatsby o en El Corazón de las Tinieblas, de Conrad, el viaje se superpone con esa búsqueda del centro del
relato, la figura de Kurtz.
¿Cuál es la función de Renzi,
personaje que aparece en varios de sus relatos?
Surge en el primer libro. En un
principio, Renzi estaba definiendo un tono. Era una forma de mirar el mundo y
describir esa mirada que él tiene; a menudo, es el que narra las
historias. Las historias que él cuenta tienen un estilo y un registro
propio que conozco. Las historias que él va a contar ya tienen garantizado
el registro y el modo en que van a ser contadas. Sé que va a
ironizar o que va a ser un provocador y para mí eso es un rumor, un uso de la
lengua, una melodía. Con él, yo sé que voy a tocar una música definida. Cuando
narra, él invoca un tono. En otros momentos, aparece como personaje que se
construye con ciertos rasgos de mi propia historia, pero exagerada en
cierta dirección. Por ejemplo, siempre digo que él hace cosas que a mí me
gustaría hacer y que no hago. A él sólo le interesa la literatura, en el
fondo, la literatura es el centro de su vida y todo lo demás le parece
secundario y poco interesante, eso le da la clave para construir algo de lo que
se habla en Prisión
Perpetua, que es la idea fija, la obsesión. Creo
que, en general, los personajes se construyen con un sistema de condensación.
Se condensa a partir de un elemento que es casi como una característica que en
un principio tiende a ser única en el personaje y después permite incorporar
todo lo demás. Esa especie de mirada que él (el personaje) tiene se constituye
también como un modo de contar. De modo que a ese personaje lo puedo poner en
situaciones diferentes, por ejemplo, enfrentarlo con un enigma policial o
enfrentarlo a la muerte de su padre, por poner dos situaciones contrapuestas
que están en el libro.
¿Es el que otorga unidad a los
distintos textos que engloba Prisión perpetua?
Sí, lo que unifica el relato es
la relación entre Renzi, que es el que narra la historia desde su
perspectiva narrativa (digamos, la voz autobiográfica) y el personaje
central. Creo que si se consigue construir una relación con esas
características puede conceder mucha libertad a la historia, pero tiene que
establecerse una relación entre ese universo narrativo hacia el que uno se
dirige, en este caso ese personaje enigmático, y el que narra. Supongamos que
se escribe una historia sobre una casa. Que un personaje encuentra por azar la
casa de su infancia y la alquila y una vez instalado allí quiere buscar el
rastro de su pasado y el de los que la han vivido. El nudo de la historia sería
la relación de ese hombre con esa casa. Esa es la historia que está contando,
pero en ese lugar, en la casa de la ficción, como diría Henry James, hay muchas
más historias, otras ventanas que dan a otras piezas y a otras historias que
seguirán hablando de ese hombre aunque la narración no sea contada de una
manera lineal. El texto, al narrarlo, se puede abrir, pero tiene que haber un
nudo que lo estructure para que no se diluya.
¿Y le sigue resultando productivo?
Sí. Ahora estoy escribiendo una
novela que narra Renzi.
¿Podría recomendar este recurso de
figura de apoyo a las personas que se inician en la escritura?
Sí, es como si alguien dijera,
cuando la historia todavía no ha comenzado a crecer: "Encima de la mesa
tengo estos elementos básicos", y para mí, desde luego, un elemento básico es
Renzi.
¿Cuál es la matriz de sus textos?
Primero, habría que ver cuál es
la tensión que se puede establecer entre narrar y escribir.
En una novela se busca el estilo. Hay un tipo de escritor
que tiende a definir los libros por el modo en que están escritos y
no opta por la historia que cuenta, pero los escritores que trabajan de
otra manera (según la historia que se quiera contar) son los que están más
atentos al funcionamiento de la narración porque necesitan que la narración
siempre esté ahí. La poesía es la que no hace otra cosa que mostrar el
funcionamiento del lenguaje. Es a partir de ahí donde yo me pongo a pensar en
la narración. Una novela primero tiene que estar bien escrita y además
tiene que contar una buena historia.
¿Por tanto, desde su punto de vista, lo importante es cómo
está escrita una novela?
No tengo ninguna duda de que si
leo una página, por ejemplo de Faulkner, y otra de Graham Greene, voy a
preferir a Faulkner pese a que Graham Greene puede ser interesante. Pero creo
que hay niveles que tienen que ver con la prosa y esa es la base de la
cuestión, que divide el debate de la novela actualmente. Cuando se le escucha
decir a algún autor que es contador de historias hay que desconfiar, porque un
escritor no es solamente un traductor. Un escritor es un mago que construye
realidades, como decía Nabokov. Un escritor es alguien que cuenta con el
lenguaje y construye mundos imaginarios y hace que esos mundos sean reales, que
los personajes tengan vida. Por ejemplo, no creo que se pueda decir de Rulfo
que es un hombre que nada más cuenta historias. Ahora hay una corriente que
tiende a ser muy concesiva con la cultura de masas, que tiende a reducir el
lugar del escritor a una especie de lugar sencillo y yo no estoy de acuerdo con
ello. Es un tema relevante, porque entonces ¿qué quiere decir
escribir o narrar? En relación a la cuestión del debate actual, esa es la
discusión que tenemos los escritores. Hablamos de la construcción. No nos
interesa tanto el sentido de los textos. Cuando nos juntamos a hablar de
literatura no discutimos sobre el sentido que tenía el adulterio de Anna
Karenina, si reflejaba el debate de la sociedad de su época sobre la fidelidad
matrimonial en su país. Sobre lo que hablamos es... "¿recuerdan la escena de Anna Karenina en el tren leyendo y una luz en la cabina que le ilumina el libro?",
en lo que nos fijamos es en cómo el autor ha construido esa escena.
¿Considera necesario un análisis
intelectual detrás de cada texto?
Seguro. Los textos tienen que
ajustarse y ser concretos. Hay que generalizar solamente dentro de lo concreto
del relato.
¿Que opinión le merecen los actuales
escritores españoles?
Creo que hay algunos excelentes,
Benet, Rosa Chacel, Javier Marías, Vila-Matas, Goytisolo, y los que estamos en
la literatura nos conocemos y estamos al día unos de los otros; luego está
la cuestión del mercado o la circulación de libros que es otra cuestión.
¿Le interesa el minimal americano?
Me interesa sobre todo Hemingway
que es el primero que lo trabaja. Trata de narrar una historia con pocos
elementos y lo hace así porque piensa que después de Joyce hay que volver a
empezar y trabajar la literatura mediante la construcción de una prosa sencilla
que cuente la acción. El minimal ha respetado
esa fórmula. Sin embargo Raymond Carver no habría sido posible sin los
cuentos de Hemingway. El debate hay que llevarlo en literatura, cualquiera que
sea el caso, a los elementos concretos de la construcción del texto.
¿Este sería el consejo que le daría a un escritor novel?
Sí, y es lo que yo siempre trato
de hacer. Además, creo que cuando hablamos de literatura hay que decirle a la
gente que para escribir hay que encontrar una voz que no es la de uno (el
autor). Hay un movimiento, que es el más difícil de conseguir, por medio del
cual cuando uno escribe tiene la sensación de que es otro el que lo hace. Es un
movimiento de desplazamiento. La construcción de ese paso, a mi juicio, es
lo que se podría considerar la inspiración. Un autor está inspirado cuando se
logra despojar del peso que tiene el lenguaje que habitualmente usa,
y trabaja con una lengua que es la del relato. Ese es el punto. Los
escritores hablamos mucho de los modos en los cuales se escribe, pero hay que
descubrir cómo se aleja uno de lo real y de lo inmediato para dar paso a ese
movimiento en el que el lenguaje funciona con otro registro. No hay reglas
generales ni manuales y cada uno debe encontrar su propio camino.
Obra publicada
La invasión. Nombre
falso. Respiración artificial. Crítica y ficción. Prisión
perpetua. La ciudad ausente. La
Argentina en pedazos.
Plata
quemada. Formas breves. Diccionario de la
novela de Macedonio Fernández. El último
lector.
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