Menchu Gutiérrez

 

                              "Sólo sé escribir mirando hacia dentro"

 

Transita la rica frontera entre la poesía y la novela desde una óptica peculiar, y cree que los sueños "son fundamentales. Se utilice o no como materia para la escritura, el sueño te habla de otra dimensión, de otra realidad, distinta a la de la vigilia, y espolea la imaginación. Siempre he creído que el sueño y la muerte son los dos grandes motores de la creación".

por Ariel Rivadeneira

para Escribir y Publicar


¿Cómo trabaja el mestizaje entre la narración y la poesía?

Siempre he defendido que la poesía no es propiedad del poema, ni de ningún lenguaje creativo. Creo que debe estar presente en cualquier acto de creación, y que es precisamente la poesía la que lo hace perdurable. De modo que no me pregunto dónde comienza una y termina otra, e intento mantenerme alejada del problema de los géneros, que no es sino una cárcel.

 

¿Cuál es el mejor momento y el mejor lugar para escribir?

Junger escribía sus diarios en las mismas trincheras de la II Guerra Mundial. No creo que

haya un lugar ni un momento, salvo el de la necesidad personal. Se puede escribir en la cama de un hospital y en el entreacto de un concierto. El momento para la escritura se crea.


¿Cuáles son los autores que más le gustan? ¿Tienen ellos algún peso en sus escritos y de qué tipo?

Yo busco la literatura que me emociona, que me zarandea, que me hace pensar; sobre todo, la que me hace desaparecer. Me interesa la poesía, hable el lenguaje que hable. Me fascinan por igual autores como san Juan de la Cruz, Robert Walser o Bruno Schulz. Estoy muy

lejos de parecerme a Unica Zürn y sin embargo, esta escritora consigue que habite cada sueño maravilloso y cada pesadilla de "El hombre jazmín", hacer mía esa experiencia. Naturalmente estas experiencias dejan un poso en mi vida y forzosamente tienen que estar de algún modo en mi escritura, aunque nunca de manera consciente.

 

¿A partir de qué elementos produce la narración? ¿Disección de una tormenta tuvo un plan previo? ¿Y La tabla de las mareas? ¿Qué diferencias puede señalar entre ambas?

Mis libros, generalmente, nacen de una perturbación que recuerda a la piedra que cae en un estanque, a esa generación de hondas. La tabla de las mareas intenta rastrear el nacimiento del sentimiento de culpa y crea una geografía -una iglesia blanca, una iglesia negra, una orilla blanca, una orilla negra- para buscar en los espacios intermedios. Disección de una tormenta quiere explorar nuestra forma de enfrentarnos al final: junto a un lago helado, rodeado de montañas, se levanta una institución que puede ser muchas cosas a la vez: un hospital, un manicominio, un lugar de retiro espiritual... En mis libros, la "pintura" juega un papel fundamental, y estas geografías de las que hablo forman parte esencial de su estructura. Luego, la idea que late en el libro desarrolla su propio ritmo, encuentra su propia respiración.

 

A la hora de contar una historia, ¿valora más su argumento o la forma en que se lo cuenta?

Creo que escribimos siempre sobre las mismas cosas y que es la forma de contar lo que hace de lo que se cuenta algo nuevo.

 

¿Cuándo sabe que llegó al final de un texto? ¿Cómo es ese final?
Para mí el final se parece mucho al principio. Comienzas y terminas en una nada. No has hecho sino intercalar una experiencia en una cadena de experiencias. Por eso quizá mis finales siempre sean abiertos.

 

Describe para narrar. ¿Cuál es la relación entre la descripción y los hechos en sus relatos?

Mi literatura está poco comprometida con la narración de una historia, y se mueve más en el territorio abstracto del símbolo, de la atmósfera... En Disección de una tormenta, por ejemplo, el pelo se convierte a veces en el protagonista del libro: un pelo que nos hace preguntas, que se transforma en un pincel, que se sacrifica voluntariamente o se pierde.

 

¿Cómo concibe los personajes, dado que el punto de vista parece ser algo estático mientras las cosas suceden a su pesar?

Como acabo de explicar, mis libros intentan plantear cuestiones que trascienden la realidad inmediata. Por ese mismo motivo, no me dedico tanto a desarrollar el perfil psicológico de un personaje, por ejemplo, que a enfrentarlo a sus sentidos, o a cuestiones que están relacionadas con un "yo" más universal.


Sus personajes no tienen nombre y una sugerente primera persona del plural está presente en sus libros, a veces camuflada por una tercera ¿De qué modo escoge al narrador de sus historias?

Del mismo modo que intento desdibujar la geografía del libro, huir de las referencias a la realidad inmediata, las voces de mis libros quieren trascender al yo para convertirse en una voz universal, (lo que vale para el "tú", el "él" o la "ella"). Cuando digo "el doctor dice", quiero decir casi "la medicina dice". No me interesa el desarrollo psicológico de un personaje -que por supuesto encuentra momentos felicísimos en la literatura de muchos autores-, busco en otra dirección.

 
En sus historias suele estar presente un principio dual, representado en ocasiones por colores  -el blanco y el negro atribuido a los círculos en Viaje de estudios o a las iglesias en La tabla de las mareas ¿Podría explicarnos que función cumplen?

Podría decirse que creo en un mundo dividido entre la derecha y la izquierda, lo blanco y lo negro, el bien y el mal, la luz y la oscuridad, cuando, apoyándome en la sencillez de una clara división, en realidad, apelo a lo que separa o une esos dos hemisferios, a la materia invisible, a los espacios intermedios. Uno de los sutras de Patanjali -esa colección de aforismos que recoge la sabiduría del Yoga- solicitaba atención para ese espacio que separa una palabra de la siguiente, para los eslabones invisibles que unen la cadena del pensamiento. Y creo que es ese espacio, esa vida invisible que une o que separa instantes lo que persiguen todos mis libros y que se define también en el paisaje. El espacio entre dos latidos, entre dos pensamientos, lo que hace que la vida fluya, se transforme.

 

¿Influye la vida cotidiana en sus escritos y de qué manera?
 Te guste o no, el medio, lo que te rodea ejerce siempre una influencia en tu escritura. El escritor puede vivir junto al mar y escribir sobre el desierto, si es el desierto lo que le interesa, pero, en ese caso, escribirá siempre sobre el desierto desde el mar. No podrá escapar de la influencia del mar, no importa cuán lejos vaya con su deseo, el mar siempre le alcanzará. Y expreso esta idea de forma negativa, utilizo el término "escapar", porque hay escritores que buscan o encuentran su inspiración lejos de lo que les rodea de forma inmediata, mientras para otros esa misma realidad constituye la materia de su escritura. Por supuesto, no existe una sola forma de sentir o de interrogar con la escritura; creo que en realidad, escribimos siempre sobre las mismas cosas, aunque lo hagamos desde ángulos distintos o a través de cauces diferentes. Sin embargo, unos deben alejarse de lo que ven, y otros necesitan esa inmediatez para pensar. Debo decir que yo estoy más cerca de los primeros.

 

¿Cree que existe una escritura femenina en algún sentido?

La escritura no puede ser femenina ni masculina. Creo que esto no necesita demasiadas explicaciones. Si estadísticamente las mujeres utilizamos más la letra "a", más adverbios o cualquier otra cosa -algo que no me he puesto a estudiar- no creo que el dato significara nada más allá del dato. Luego, habrá mujeres que escriban sobre cuestiones que atañan a su feminidad. Pero eso es otra cosa.

 

¿Cómo valora el panorama actual de las letras? ¿Cree que esta época es mejor o peor que otras con relación a la creación artística?

En un mundo literario prácticamente monopolizado por las grandes editoriales y cuando en su mayoría estas se han convertido en negocios rentables del ocio, no creo que el panorama refleje la realidad del lector ni la del escritor. Estoy convencida de que existe un hambre de poesía mucho mayor de la que reflejan los escaparates de las librerías. El camino trillado, el lugar común, la repetición de la repetición no satisfacen a nadie; y por mucho que se empeñe el marketing, lo único que consigue al uniformar al lector es perderlo. No creo que lo que vemos se corresponda con nuestros verdaderos deseos y necesidades.

 

¿Qué le recomendaría a aquellos que se inician en el difícil arte de la escritura?
Yo creo que lo más importante a la hora de escribir, aunque parezca paradójico, es aprender a escuchar el silencio. No creo que existan recetas, sólo necesidad. Hay que saber por qué se quiere escribir, y qué se quiere escribir. Lo demás me parece que viene mucho después.

 

¿El ritmo, el movimiento, qué es?

Todo es movimiento: nuestras palabras, nuestra propia respiración. También hay movimiento en la imaginación y en el sueño. Igual que encontramos un ritmo en esas realidades, el ritmo es fundamental en la escritura, y depende de la calidad sonora de las palabras y de su encadenamiento, pero también de las ideas y sensaciones que genera.

 

¿La fotografía?

Asomarse a una cristalización del tiempo en forma de imagen es siempre enigmático: vemos nuestra cara de quince años, reconstruimos una sonrisa... a veces también, milagrosamente, lo que nos hizo sonreír. Estamos y no estamos ahí. En realidad, como ahora mismo: estamos y no estamos.

 

¿Y el silencio?

Es la gran pregunta.

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