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Por
Cristina Núñez Pereira
Para Escribir
y Publicar
La bibliomancia como solución a la incertidumbre (sólo
apto para habitantes en mundos paralelos o dispuestos a mudarse).
La bibliomancia es un arte adivinatorio inventando en muchos sitios en épocas
diferentes. Siempre hay algún ingenuo (o ingenua) que cree inventarlo un día,
en una sede social o en alguna calle patrimonio de la Humanidad, cuando,
rodeado (o rodeada) de libros e incertidumbres, se decide a combinarlos en una
ecuación mágica que al menos arroje unas cuantas sonrisas en la oscuridad de la
rutina. ¿Cómo practicar este arte adivinatorio que tantas respuestas puede
arrojar para solaz de propios y extraños?
La respuesta es sencilla.
En primer lugar, es necesario contar con libro. Se recomienda que sea de poemas,
que son textos completos y, usualmente, breves. Pero también valen otros. Michel Fais, por ejemplo, es acertadísimo resolviendo
conflictos laborales. Para esta clase práctica tengo a mi lado los Cuadernos
de Voronezh, de Osip Mandelstam.
A continuación, se formula una pregunta al libresco médium. Obviamente se
tratará de algo que deseemos saber. Por ejemplo, ahora que se rumorea que no
habrá campanadas en Sol, un madrileño puede querer saber si es cierto o no. Y
pregunta: ¿habrá campanadas en la
Puerta del Sol este año?
Seguidamente, el interfecto interrogador indica la página por la que desea que
el oráculo se exprese. Por ejemplo, ya que estamos a día 15, escojo la página 131.
Por antepenúltimo, el hermenéutico adivinador lee la página indicada.
"Con temblorosos racimos de uva
nos amenazan estos mundos,
y de ciudades furtivas,
dorados lapsus, delaciones,
bayas de hielo tóxico, penden
las elásticas tiendas de campaña de
las constelaciones,
los dorados sebos de las constelaciones."
Luego, el adivinador formula la pregunta siguiente: ¿Qué nos ha querido decir
XXX con esto? Donde XXX es el nombre del autor. En nuestro caso, Osip
Mandelstam.
Por último, se produce a la exégesis siempre buscando un sentido que pueda
responder a la pregunta formulada.
Así pues, ¿qué nos ha querido decir Osip Mandelstam con esto?
Veamos. Desde la primera línea, Osip no desdeña en tomar el tema de frente y ya
nos presenta unos racimos de uva, claro símbolo de la festividad de año viejo
en España. Sin embargo, estos racimos de uva son temblorosos. ¿A qué alude el
temblor? El temblor es la incertidumbre de la persistencia, de la existencia,
es un estado que se caracteriza por el movimiento y el no-movimiento
combinados, una suerte de movimiento intermitente, una incertidumbre sobre la
existencia.
Con la incertidumbre de la existencia de la celebración de año viejo, por lo
tanto, se nos está amenazando desde estos mundos. ¿Por qué estos mundos? "Esto"
es un adjetivo demostrativo que alude a la pertenencia de la voz que habla al
objeto al que se refiere, es decir, "mundos", por lo tanto, es el mundo terrenal,
el que pisamos constantemente, el que nos acompaña día a día. Estos dos
primeros versos, por lo tanto, expresan el problema, mostrando que,
efectivamente, existe como tal.
Por otra parte, se nos habla de ciudades furtivas de las que penden cosas. Está
clarísimo que la ciudad aludida no puede ser otra que Madrid, furtiva de sí
misma, sumida en una constante modelación y remodelación, la ciudad que cambia,
que huye de lo que era ayer para ser una nueva cada día (o cada lapso temporal
tenido a bien por Gallardón). Los dorados lapsus no pueden ser otra cosa que
las famosas campanadas. ¿Por qué? El dorado es el color por antonomasia de las
campanas, en especial de las navideñas. Y lapsus no está aquí utilizado en su
acepción de la RAE, sino con
su significado en latín, que es el "deslizamiento". Deslizamientos dorados por
lo tanto, campanadas.
Estas campanadas vienen acompañadas de "delaciones", es decir, de acusaciones,
y por lo tanto, de un sentimiento de culpabilidad (justificado o no) acerca de
esa acusación. Y estas acusaciones vienen acompañadas, a su vez, de "bayas de
hielo tóxico". Las bayas son unas frutas, un elemento natural y vivo, creciente
y cambiante; el hielo, en cambio es un elemento natural pero inerte y que
simboliza la paralización, el estancamiento, casi podríamos decir que el
silencio. ¿Qué son, pues, "bayas de hielo"? Claramente, a lo que se refiere
Osip Mandelstam con estas bayas de hielo es a las campanas, que cuando no se
mueven, cuando están estancadas, están en silencio, pero que cuando se mueven,
cuando están vivas suenan. Estas bayas de hielo son tóxicas y por lo tanto,
peligrosas. Hay que intentar huir de ellas. Hay quien ha querido ver en este
"tóxicas" una velada alusión a la permanente situación de contaminación de la
capital del estado español, pero los hermenéuticos no se han puesto de acuerdo
en el valor de semejante interpretación. Se acusa a las campanas de ser
tóxicas, como hemos visto. Todo parece indicar que no es recomendable, por lo
tanto, la persistencia en la celebración, puesto que esa toxicidad podría
terminar para siempre con los "racimos de uva".
Por último, tenemos las "elásticas tiendas de campaña de las constelaciones".
Se imponen varias consideraciones para esta frase. Por un lado, la palabra
"campaña" recuerda, inevitablemente a la palabra "campana", pero ya es una
palabra nueva, que designa una realidad diferente. El cambio es patente.
Además, estas tiendas de campaña son "elásticas", no rígidas, como sí lo son
las campanas. Las constelaciones son como elásticas tiendas de campaña.
Obviamente, no se alude a las constelaciones en tanto que conjuntos de
estrellas, sino a su poder simbólico. De todos es sabido que hay 12
constelaciones zodiacales, simbólicas, como 12 son las campanadas de año viejo.
En el último verso, se aúna el "dorado" que antes servía para caracterizar a
las campanas con las constelaciones, por lo tanto se alude nuevamente a las
campanas que, una vez superadas las acusaciones de "bayas de hielo tóxicas",
aparecen en una nueva dimensión, unidas con la naturaleza y brillantes como el
sebo. Por lo tanto, parece que el veredicto final es que sí habrá campanadas
este año en la Puerta
del Sol, pero que habrá que luchar por ello, habrá que superar diversas fases,
en las que quizás parezca más patente que no será así. Sin embargo, finalmente,
asistiremos al espectáculo, como cada año. Eso sí, el poema también parece
encerrar un aviso, una especie de Carpe Noctem, de que disfrutemos esa noche,
pues quizás el año que viene no tenga lugar. De ahí el verbo "pender" que, por
un lado, alude a los badajos que penden de las campanas y por otro, simboliza
la fragilidad de las cosas que no están bien seguras, bien amarradas.
Por lo tanto, el oráculo dice: Habrá campanadas, pero quizás sea este el
último año.
Llegados a este punto, se da las gracias profusamente al
autor (Gracias, Osip), se cede el libro a otro hermenéutico y si se
quiere, se ríe uno un rato.
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